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¿y ahora qué?

Escribo estas líneas desde Bray (Irlanda) lejos de Chile, el país que me acogió hace casi seis años, el que me forjó como profesional y cambió mi vida para siempre.

Soy Víctor Calderón, estudié Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en Burgos y terminé en 2012. Nada nuevo os voy a contar sobre lo que pasó esos años ¿verdad? En mi caso después un año trabajando en el campo con mis padres, decidí hacer la maleta y probar suerte en Chile. No había nada que perder, en caso de que la búsqueda de trabajo no funcionara al menos iba a conocer Sudamérica, algo que siempre quise hacer, un win-win en toda regla.

Una vez en Santiago empecé a tocar puertas y pronto me dieron la oportunidad de trabajar en Agrosonda, una empresa chilena conocida por su experiencia en subestaciones eléctricas y centrales termo e hidroeléctricas.

Asado de despedida en AGROSONDA con la gente de oficina central

Entré en la empresa sin haber trabajado antes como ingeniero, así que mi primer destino fue aprender de uno de los jefes de obra en un contrato de operación y mantenimiento de tres centrales hidroeléctricas en el sur del país. Allí aprendí la forma de trabajar de la empresa, métodos constructivos, tiempos de ejecución, cómo comprar, etc. Pero, sobre todo, aprendí algo que no enseñan en la escuela y que a me resultó muy complejo: el trato del día a día con la gente, tanto con tus trabajadores como con los inspectores y clientes…

Después vinieron otros proyectos en el sur, trabajando como jefe de producción en la construcción de un complejo hidroeléctrico (tres mini centrales de pasada) y una subestación eléctrica elevadora para una central en la cordillera en la zona central del país.

Ahí sí se notó el cambió, la construcción es totalmente distinta del mantenimiento, otros tiempos, otra forma de trabajar, otro nivel de exigencia. Fue un período de un aprendizaje a toda máquina, pero a base de un sacrificio personal importante también.

Una de esas dos obras, la subestación “El Paso”, se encuentra a 3 h de la ciudad más cercana, por lo que la forma de trabajar era subir los lunes de madrugada y bajar los viernes. Durante la semana dormíamos en barracones prefabricados junto a la obra, sin teléfono, clima extremo, con señal de internet muy débil y comiendo prácticamente puré y pasta todos los días. Eran unas condiciones duras, pero en mi caso se compensaba con esa adrenalina que desprende el poder arañar tiempo en cada unidad de obra al programa maestro y con la sensación de que cada día es completamente diferente al anterior, no hay lugar para la monotonía.

Subestación Eléctrica El Paso, construida con 125 zapatas de hormigón prefabricadas.

(Si tienes curiosidad por saber dónde se encuentra la central “El Paso” puedes encontrarla en Google Earth junto a “Termas del Flaco, San Fernando, Chile”)

Después de casi un año ahí arriba, esta experiencia en la cordillera me hizo plantearme si realmente merecía la pena un sacrificio personal tan grande a cambio de desarrollar un trabajo por mucho que te guste. Tengo que agradecer a mi empresa que supieran entender este sentimiento, ya que en mis siguientes proyectos siempre fueron en los alrededores de Santiago, a unos 40 min- 1 h en coche, por lo que me podía desplazar a la obra cada día.

Nunca pensé que mi vida laboral fuera a encaminarse al sector de la transmisión eléctrica: después de la primera subestación ya no hubo vuelta atrás.

Cuando sientes el apoyo de tu empresa, el trabajo se hace mucho más fácil, y ese sentimiento siempre lo tuve en mi etapa chilena. Después de trabajar como Jefe de Producción, tocaba dar el salto a Jefe de Obra y ese cargo lo desempeñé en las subestaciones Polpaico (dos proyectos), Alto Jahuel y Los Maquis.

Puesta en servicio de la ampliación Subestación Eléctrica Polpaico 500 kV

Si algo bueno tuvieron estos proyectos para mí, es que participé de todas las etapas del proceso: desde la ingeniería a la ejecución, pasando por la planificación, tramitación de permisos, compra de suministros, control de contratistas, pagos, etc.

El proyecto “Los Maquis” fue especial, se trataba de la ampliación de una subestación eléctrica de 220 kV en servicio a la que añadimos una subestación encapsulada tipo GIS. El proyecto me permitió ahondar mucho en este tipo de tecnología e incluso, viajar a la fábrica de GE- Alstom en Francia para conocer el proceso de fabricación y revisar las pruebas FAT del equipo que íbamos a instalar.

Visita a la fábrica GE- Alstom en Aix-les-Bains, Francia

(Pruebas FAT (Factory Acceptance Test) son las pruebas realizadas en fábrica para verificar el correcto funcionamiento de un suministro antes de enviar a su destino)

Pobrecillos, se han tenido que ir de España a buscar trabajo, que mal lo deben estar pasando taaan lejos” ¡Para nada! Es cierto que echas de menos a tu familia y a tu gente, pero los amigos que haces, al menos en mi caso, se convierten en tu familia allí, tu punto de apoyo. Al final la vida no es tan diferente al otro lado del mundo: se trabaja igual que en todos lados y se aprovecha el tiempo libre de la forma en que cada uno puede.

Fuimos muchos los que nos encontramos allí, la mayoría del mundo de la construcción (caminos, aparejadores, minas y topografía) pero también gente que había estudiado psicología, relaciones laborales, económicas… Si bien te relacionas con gente de Chile y del resto del mundo, al final las personas con las que más tiempo compartes son las más afines a ti, los españoles.

Una vez que estás a 11.000 km de tu casa no puedes dejar pasar la oportunidad de viajar, por suerte pude conocer muchos lugares en Sudamérica: Río de Janeiro, Buenos Aires, Mendoza, Cartagena de Indias, Cataratas de Iguazú, Presa de Itaipú, etc.

Chile es un país maravilloso, a lo largo de sus 4.000 km tiene todos los climas posibles, así que cada vez que surgía la oportunidad, era un viaje nuevo. Tuve la suerte de conocer lugares increíbles a través de mi pasión, el ciclismo: participamos en competiciones de MTB en varios lugares, especialmente recordadas serán las celebradas en La Patagonia y en el Desierto de Atacama”.

Carrera de MTB en el desierto de Atacama (luciendo los colores de Burgos)

“¿Y dónde está la parte mala?” El daño colateral de todo esto, al menos desde mi punto de vista y lo que he hablado con otros compañeros en las mismas circunstancias, es el cortoplacismo que envuelve al emigrante. No haces planes a largo plazo porque en tu cabeza está la vuelta a casa, no sabes cuándo, pero en algún momento quieres volver a España ¿para qué te vas a comprar un coche, para malvenderlo cuando te vayas? Ni hablar de un piso…

Un poco por este sentimiento y un mucho por echar de menos a mi familia decidí hacer de nuevo las maletas y esta vez emprender el camino de vuelta. Creo que es el momento oportuno para volver porque se están abriendo oportunidades de trabajo muy interesantes en el sector de las energías renovables y la experiencia adquirida al otro lado del charco me ayudarán a encajar en alguno de estos proyectos.

Visita central hidroeléctrica Itaipú, Paraguay- Brasil

Así que volvemos al comienzo de esta historia. Después de pasar la Navidad con mi familia vine a pasar unos meses en Bray para poner a punto mi inglés antes de volver a España.

Después de seis años fuera volveré a casa con una pregunta en la cabeza ¿y ahora qué?

Agradecer a José la oportunidad de poder contar mi historia y la paciencia que ha tenido desde que hablamos por primera vez. Lleváis a cabo un proyecto muy bonito, ahora que la inmigración es un tema tan recurrente, es importante saber cómo tratan a los emigrantes españoles fuera de casa para poder hablar del tema desde una perspectiva más amplia.

Victor Calderon Barriuso